
Hoy he viajado de nuevo a El Salvador; aunque no allí exactamente; aunque mis huesos no se hallan movido de esta silla; aunque mis ojos sólo lleguen a la Puerta de Alcalá.
Me he trasladado allí para escribir una historia, y el sólo hecho de atravesar el Atlántico en busca de Centroamérica me ha invitado a llamar a cocineros de palabras, amigos sin noticias, navíos llenos de sueños, deudas de corazón y compañeros de baile. Deseo que todo os vaya bien compañeros.
Mañana veremos dónde me llevará este periodismo tan dulce pero tan ingrato.
Mientras, os dejo con dos guanaquitas que trataban de apresar el Pacífico sin éxito hace un tiempo.
Me pregunto si habrán logrado su empresa.